Fritta Caro, la atleta 

Por ALEXANDRE BEAUDOIN DUQUETTE
México, D.F. Junio 2015

Fragmento de
PROPAGANDA MIGRATORIA CANADIENSE Y ARTE LATINOAMERICANO EN MONTREAL:
UN CONTRAPUNTEO DISONANTE

Tesis de grado: doctorado en Estudios Latinoamericanos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

Como se acaba de observar, en Quebec, Frida Kahlo parece haberse convertido en el arquetipo de la artista latinoamericana, al grado de que ciertas artistas que proceden de nuestra región, como la pintora mexicana Carolina Hernández-Hernández, tienen que luchar para disociarse de esta imagen y que ésta no opaque sus obras. Como lo hemos visto en el capítulo anterior, Helena Martín Franco también decidió luchar en contra de este estereotipo en su práctica artística y creó el personaje de Fritta Caro, un híbrido entre el arquetipo de la artista latinoamericana encarnada en Frida Kahlo y la figura de la atleta canadiense. De esta manera, la artista no sólo usa a Frida para burlarse de la identidad postiza que se le impone, sino también exponer el aspecto ridículo de las exigencias del multiculturalismo canadiense que, al promover la folklorización y la mercantilización de la diversidad cultural, termina imponiendo una identidad postiza al inmigrante, de quien se exige que aproveche como una oportunidad de negocio para que pueda contribuir sin pedir del Estado nada a cambio. El aspecto del personaje de Fritta Caro que tiene que ver con la figura de la atleta constituye una respuesta y una crítica a las exigencias que el Estado canadiense impone al inmigrante.

En la “historia de éxito” titulada Construirse una nueva vida, una taza a la vez, la protagonista defiende la legitimidad de tales exigencias. Afirma que ella y su familia viven de ahora en adelante en “uno de los únicos países convenientes que hay en este planeta -[…] refiriéndose a los servicios de salud, el sistema de educación, el medioambiente y la sensación que hay en Canadá”. Asimismo, manifiesta el deseo de “que el gobierno de Canadá [sea] consciente de ello y tome decisiones informadas con respecto al proceso que usa para seleccionar a las personas que pueden venir” a ese país. Como lo hemos visto, cree “que la ciudadanía es un privilegio” y no la d[an] “por sentada”. “Est[án] agradecidos” y lo “demuest[ran] “mediante los esfuerzos que desplie[gan]”. Por lo anterior, se puede deducir que, según ella, las exigencias impuestas por el gobierno canadiense para convertirse en un residente de ese país son legítimas.

Es por esta razón que es pertinente volver al personaje de Fritta Caro de Helena Martín Franco, ya que usa la figura del atleta como metáfora de la situación del inmigrante en la cual se le pide tener un rendimiento óptimo. Lo anterior puede ser usado para criticar el hecho de que el Estado receptor termina condenando al inmigrante al éxito o al fracaso, como lo he planteado al analizar el ensayo de Patxi Lanceros (2009). Se espera de él que cumpla con ciertos requisitos y que se porta bien. Al igual que el atleta, tiene que ser un modelo. Si no lo hace, no merece pisar esa tierra, ya que tiene que “demostrar su agradecimiento” al país que lo recibe mediante los esfuerzos que despliega.

El personaje de Fritta Caro se burla de esta identidad impuesta por el multiculturalismo canadiense a partir del momento en que éste se convirtió en una ley, en 1988, en un contexto en el cual se estaba firmando un acuerdo de libre comercio entre Canadá y Estados Unidos. Luego de ello, se esperaba que el inmigrante contribuyera lo más posible a la productividad de su país de “adopción”, sin pedir nada a cambio (Gilbert; op. cit.).

Como lo sostiene Helena Martín Franco, Fritta Caro es una inmigrante que debe de portarse como una atleta de alto rendimiento. Al igual que éste, el inmigrante tiene que performar:

Tiene que ser excelente, tiene que pasar unos exámenes para ser aceptado. Entonces está todo el tiempo en una carrera consigo mismo y, al mismo tiempo, con sus compatriotas o con la sociedad que lo acoge; una carrera permanente para aprender el idioma, para validar sus estudios, para adaptarse, para integrarse, porque todos los discursos dicen “nosotros les ofrecemos todo para que se integren”, pero eso se queda en el discurso. Si uno va a ver la realidad de la gente cuando llega, es muy difícil…189

Esta carrera permanente para que el inmigrante aprenda el idioma, que valide sus estudios, que se adapte, que se integre, se legitima en la propaganda con la afirmación de Martha según la cual “Canadá es uno de los únicos países convenientes que hay en este planeta”. La atleta tiene entonces que superar pruebas y el premio por el que compite consiste en el privilegio de ser ciudadana canadiense, un premio que incluiría oportunidades, seguridad, paz, un buen sistema de educación, buenos servicios de salud y un medioambiente limpio.

 

En su recorrido, Fritta Caro descubre que el ideal canadiense se plasma en el concepto de simetría, lo cual se convierte en el objeto de su búsqueda:

La simetría es como una especie de estabilidad buscada. La simetría produce una especie de estatismo, de cosas que no evolucionan o no se mueven o no se desplazan, una cosa estática. La intención era un poco encontrar la simetría con los objetos.191

Si bien es cierto que, desde sus primeras intervenciones públicas, el personaje de Fritta Caro es de por sí bastante simétrico, sobre todo al cargar constantemente dos bolsas rojas y blancas con una hoja de maple en medio, la epifanía con respecto a la simetría ocurre cuando va al centro comercial Rosemère de Sainte-Thérèse para que se le haga un corte de cabello. Este performance ha sido analizado en contraste con la historia de Micheline Gélin en el capítulo anterior, pero vale la pena retomarlo en la presente sección. Como ya lo hemos visto, el nombre del corte de cabello que le hace la peluquera a Fritta Caro es tendance canadienne (tendencia canadiense) y Helena Martín Franco sostiene que éste surgió de la comunicación que tuvo con ella.

Además de desarrollar el concepto de simetría en la práctica a través de los encuentros fortuitos entre su personaje y los transeúntes, Helena Martín Franco lo trabaja con base en la siguiente cita del intelectual italiano Gillo Dorfles que se encuentra en la página de Internet de Fritta Caro:

Ésa es hoy la tendencia que predomina en la producción artística masificada que, a través de los mass media, recibe una divulgación ubicua. Se trata, en una palabra, de una tendencia basada en esquemas conformistas, en la cristalización de formas y formalismos caídos en desuso, aunque enmascarados a veces con lenguajes en apariencia innovadores, y en una marcada preferencia por la “simetrización” en el caso de las artes visuales, por las armonizaciones tonales, en el de la música. Que quede muy claro que utilizo términos como “simétrico”, tonal, armónico, en un sentido muy laxo, entiendo por “simétrico” y “tonal”: ordenado, tradicional, equilibrado, sin sobresaltos, sin desviaciones, y viceversa.192

Desde esta perspectiva, la “historia de éxito” de Martha constituye una apología de la simetría canadiense y un elogio de la imposición al inmigrante por parte de su país de adopción de la búsqueda de dicha simetría. Martha reivindica la simetría canadiense al ensalzar la armonía que, según ella, impera en ese país, el cual califica como uno de los únicos lugares “convenientes que hay en este planeta”, refiriéndose a la seguridad que ahí siente, los buenos servicios de salud y la calidad del sistema de educación y del medioambiente. Ella considera que el gobierno canadiense debería de ser “consciente de ello” y tomar “decisiones informadas con respecto al proceso que usa para seleccionar a las personas” que merezcan gozar de la armonía, el orden y el equilibrio que impera en Canadá, un país que se proyecta como un lugar sin conflicto, es decir, “sin sobresaltos” y “sin desviaciones”.

Martha se define como una “combatiente” y el objeto de su combate es alcanzar esta simetría. En dicho combate, paradójicamente, no hay conflicto. Existen pruebas e incertidumbres. Sin embargo, los únicos verdaderos conflictos ocurren en su país de origen, un lugar que se proyecta como en una posición asimétrica con respecto a Canadá. Estos conflictos se representan con sucesos violentos que dan fe de una ausencia de seguridad y armonía, lo cual genera la impresión de que Colombia carece de simetría.

En el transcurso de su combate, Martha se transforma y descubre en ella una vocación por los negocios que parece propiciarle su país de “adopción” y, también, “aprende a navegar sobre el océano de incertidumbres”. Por ende, no solamente se ensalza la figura de la combatiente encarnada en Martha, sino también el combate mismo. Dicho combate se hace atractivo por sus paradójicas propiedades simétricas. Se confunden los momentos de armonía y de incertidumbre mediante la proyección de un contexto simétrico en el que la combatiente despliega esfuerzos para adaptarse y volverse a su vez simétrica.

Cuando uno observa al personaje de Fritta Caro, tiene la impresión de encontrarse frente a una caricatura de Martha, una especie de figura antiheroica que emprende el mismo combate. En lugar de definirse como una combatiente, ella se viste de atleta que compite con los demás miembros de su sociedad de adopción para alcanzar una simetría que termina pareciendo ridícula. Su simetría postiza la termina convirtiendo en una especie de payaso melancólico, un poco al estilo de Pierrot o del Quijote, ya que, a pesar de desplegar todos los esfuerzos que le exige el Estado canadiense y su política del multiculturalismo, ella no consigue hallarse a sí misma, ni mucho menos a la simetría por la cual compite.

La intervención de Helena Martín Franco genera aún más disonancia, dado la impresión de sfumato entre lo real y lo ficticio generada por el medio artístico que utiliza. La artista define este recurso que se usaba en la pintura italiana renacentista de la manera siguiente:

Es el concepto de Leonardo da Vinci de hacer que los contornos sean borrosos. Es un poco lo que ocurre con la identidad que se está construyendo y transformando y ese deseo de integración con el entorno y, para mí, a nivel de performance y de acción, es una manera de trabajar de nuevo la pintura, pero ya no en lienzo, sino con el mismo cuerpo y a partir de la imagen.193

En efecto, el personaje de Fritta Caro es imaginario y ficticio. Sin embargo, interviene en el espacio público real y, salvo excepciones, sin que los transeúntes tengan conciencia de que se trata de un performance. La búsqueda de simetría del personaje termina trastornando lo cotidiano de las personas que va encontrando, desvelando su individualismo y su indiferencia e incluso entrando en conflicto con ellos sin nunca alcanzar la simetría canadiense más que en apariencia, en su forma de vestirse, su manera de andar y colocarse en el espacio y en su corte de pelo tendance canadienne. Es un poco como si Fritta Caro hubiera leído la historia de Martha en su país de origen y hubiera intentado hacer como ella al llegar a Canadá sin lograr la hazaña de la protagonista de la “historia de éxito”.

A pesar de ello, Fritta Caro hace hallazgos que quedan ocultos en la historia de Martha. Como lo hemos podido constatar en el capítulo anterior, descubre que la sociedad quebequense es una sociedad con una identidad frágil, cuyos miembros están obsesionados por la seguridad y los reglamentos y que prefieren refugiarse en su comodidad y su indiferencia que tener que negociar o entrar en conflicto con el pueblo que pertenece a la cultura que los conquistó.

Asimismo, al realizar una intervención en un centro comercial ubicado en el multiétnico sector de Côte-des-Neiges, encuentra a numerosos inmigrantes con los cuales termina identificándose, ya que, al igual que ella, no logran integrarse a semejante sociedad:

Las personas que entraban en diálogo […] rompían mis propios estereotipos con respecto al artista y el público. Yo me esperaba a que la gente sí hiciera la referencia a Frida Kahlo, pero no. Cuando voy al Centro [comercial] Côte-des-Neiges, la gente viene con otras historias, otras memorias y la gente me hablaba más de referencias folclóricas de los países del este o divinidades orientales. Entonces quedé desarmada frente a mis propios estereotipos, lo que yo misma espero de mi propia experiencia y es lo más interesante de todo. Hay momentos en que la gente también participa y eso alimenta al mismo tiempo la experiencia.”194

Por lo tanto, al exacerbar la simetría promovida por el Estado canadiense, Fritta Caro termina desvelando un aspecto completamente inesperado del inmigrante: tal vez la metáfora más apropiada para expresar su condición no sea la del atleta o, en el caso de Martha, la del combatiente, sino la del artista y quizá la metáfora más adecuada para expresar la condición del artista sea la del migrante: “Precisamente, yo hago esta asociación entre el artista y el inmigrante y los pongo en la misma situación, una situación de inestabilidad, y esta inestabilidad es la que permite la creación”.195

Helena Martín Franco explica cómo llegó a esta conclusión de la siguiente manera:

Entonces, el inmigrante llega y la inestabilidad que vive, de alguna manera, hace que no tiene nada que perder, le permite encontrar nuevos caminos, porque tiene que buscarse otras maneras para poder vivir. Por lo tanto, tiene que inventarse, tiene que exponerse, tiene que tomar riesgos y es un poco lo que el artista vive en su taller o con su creación. Una vez que encuentra soluciones, la creación termina repitiéndose. Lo que hace el artista debe de pasar por fases de inestabilidad, en el que pierde todo para poder, de ahí, crear de nuevo. De eso hablaba Marguerite Duras en un libro que se llama Écrire, que habla de la duda, de la pérdida de la identidad como elementos que son fundamentales para la creación. Ella dice: “En el momento en que uno no tiene nada que perder, en ese momento crea.” Y es lo que pasa al inmigrante y es lo que pasa al artista. El inmigrante pierde sus referentes, pierde sus raíces, pierde su estatus, pierde reconocimiento y para el artista es fundamental.

En la historia de Martha, se pregona que con una mentalidad de combatiente, el inmigrante puede alcanzar el éxito en Canadá y que este país tiene las condiciones para que ello se produzca. En cambio, con su personaje de Fritta Caro, Helena Martín Franco plantea una figura que busca conformarse con estas expectativas que el Estado canadiense tiene con respecto al inmigrante. Para cumplir con dichas expectativas, el personaje elige adoptar la actitud de la atleta quien, al igual que la combatiente, tiene que sentirse agradecido por los retos que se presentan en su camino. Sin embargo, choca con una realidad que la rechaza o la ignora. Por lo tanto, se encuentra en una situación en la que aceptó perder su identidad para apostarle a alcanzar la simetría canadiense, pero no lo consigue, ya que no es más que un estereotipo.

En consecuencia, se encuentra en un momento en el que ha perdido su identidad, perdió lo que es, lo perdió todo y ya no tiene nada que perder, por lo cual no le queda más que crear. De lo anterior, se deduce que las instituciones migratorias buscan imponer una identidad forzada al inmigrante para que se conforme con sus expectativas de contribuir sin pedir nada a cambio. Sin embargo, al constituir una ficción que interviene en la realidad, el performance termina demostrando que aun así, no es suficiente. Por mucho que el inmigrante busque cumplir con las exigencias del Estado que lo recibe, nunca logrará adquirir la simetría prometida, por lo cual no le queda más reinventarse después de haber perdido su estatus, sus raíces, su identidad.

Se desarman entonces los estereotipos del inmigrante como combatiente y del atleta y se vislumbra una metáfora que quizá sea más adecuada para expresar la condición del inmigrante, la del artista, quien, a su vez, tiene que perder sus referentes, encontrarse en un estado de disonancia cognitiva, para llevar a cabo un acto de creación. La artista descubre entonces que la mejor metáfora para designar el oficio que practica es precisamente la condición en la que se encuentra en Montreal, la de migrante.

 

189 Entrevista con Helena Martín Franco; op. cit.
190 Ídem.
191 Ídem.
192 Citado en Franco, Helena Martín (2010): “El corte de pelo canadiense”, en: Fritta Caro, disponible en: http://frittacaro.helenamartinfranco.com/es/performances/31-mars/ (Revisado el 15-01-2015).
193 Entrevista con Helena Martín Franco; op. cit.
194 Ídem.
195 Ídem.